Kakamatua: escribir frente al agua y descubrir tu propio espejo interior


Llegué a Kakamatua un dia cualquiera buscando un lugar en donde Gaucho (mi perro) puediera correr y nadar sin restricciones.

No es un lugar turistico y a pensar de estar en la costa oeste de Auckland cuando entras olvidas por completo que ese rincón tambien hace parte de la ciudad. Esa es una de las cosas que más  me gusta del Nueva Zelanda, la convivencia entre la ciudad y la naturaleza es armoniosa y cautivadora.

Kakamatua Inlet en la costa oeste de Auckland, donde la montaña se encuentra con el mar en un paisaje de conexión espiritual.

Kakamatua es un brazo de agua que baja desde la montaña hasta encontrarse con el océano. Yo llegue sin mayor expectativa, con un cuaderno pequeño en la mochila y la sensación de que no iba solo a caminar, sino a mirar hacia dentro.

Pues sin buscalo, este lugar se convirtió en un espejo que atravesé guiada por un sendero de madera rodeado de palmeras y helechos que me rodearon hasta llevarme a la vera del río : la montaña, el mar y el cielo se hicieron enormes y su imponente presencia me llevaba a percibir lo que a veces no veo en mí misma.

La montaña tiene en sus venas memoria antigua, el mar tiene en sus aguas el movimiento eterno del tiempo, y entre ambos se abre un espacio de silencio que invita a bajar el ritmo y afinar la mirada hacia el mundo interior.


El nombre Kakamatua viene de una palabra sagrada en la cultura Māori: hablar de los ancianos portadores de la sabiduría ancestral, guardianes del conocimiento profundo y de la memoria del linaje.

 No es difícil entender por qué este lugar se siente como un territorio de reflexión. Caminar por este paisaje es caminar dentro de una historia que empezó mucho antes que nosotros, donde el agua ha ido trazando su camino sin apuro. Como Si fuera la evidencia fisica de que todo fluye con o sin resistencia dejando una huella. Cada historia del agua esta escrita en las rocas, en las ramas que tocan el suelo y en las raíces de los arboles llenos de corrales que deja el mar.

Nada aqui se resiste a la subidas del agua, a la mezcal de rio con mar. Todo se sostiene, todo se transforma y se adapta. Como nosotros, cuando aprendemos a recibirnos tal como somos.


Ese día me senté frente al agua con mi cuaderno y una pregunta muy especial, inspirada en la cábala y en los propósitos que depronto ya  tienes en tus cuadernos, porque hace parte de las plantillas que te regale para el 2026: “Si este año vino a ordenar algo en mí, ¿qué fue…?”

Mientras escribía, sentí que el lugar sostenía mi reflexión. Cada sonido del agua, cada movimiento del viento, cada rayo de sol sobre la arena parecía devolverme lo que necesitaba ver: mis emociones importan, mi sensibilidad es valiosa, y mi mundo interior merece ser escuchado y comprendido.


Sé que muchas de nosotras cargamos con esa sensación de no ser vistas, de que lo que sentimos y pensamos no siempre es comprendido.

 Kakamatua me recordó que existe un lugar, incluso dentro de nosotras, donde podemos sentirnos completas, cuidadas y reconocen que somos especiales.

Ese reflejo es un regalo: nos muestra lo que necesitamos atender, lo que deseamos y lo que merece ser honrado.

Leer, escribir, mirar, sentir… eso nos devuelve la certeza de que somos valiosas tal como somos.


Viajar despierta algo que en la rutina suele dormirse: los sentidos se afinan, la percepción se expande y la intuición se vuelve más clara.

En Kakamatua todo se volvió un espejo de mi propio interior, revelando emociones, deseos y partes de mí que necesitaban ser reconocidas. Escribir frente al agua transformó el paseo en un ritual consciente, un espacio donde el viaje exterior se conectó con el viaje interior, donde cada palabra escrita se hizo un acto de expansión del alma.


No hace falta viajar lejos para vivir algo así. Todos tenemos un Kakamatua cerca: un árbol, un río, un parque... basta con mirar hacia arriba y recordar que sobre nosotras eatabel inmenso cielo abierto.

Siempre podemos llevar un cuaderno. Porque cuando viajamos con conciencia y atención, incluso el camino más simple se convierte en un portal de transformación.

Kakamatua me recordó que la Tierra sigue hablándonos, que el alma sabe escuchar y que escribir es la forma más clara de mirarse en el espejo que nos devuelve la vida.


Si sientes que a veces nadie termina de ver quién eres y quieres un espacio para mirarte, escucharte y sentirte especial, te invito a explorar nuestros cuadernos pequeños. Son compañeros de viaje que te permiten crear tu propio Kakamatua, donde escribir se convierte en un ritual de expansión y autoconocimiento.

Te  los dejo aquí

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