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El arte como ritual: pintar para recordar quién eres

No sé si sea el final de año, las cosas que estan pasando en el mundo, o los simples tropiezos propios de la vida... pero ultimamente estoy para adentro.

 

Quizá te ha pasado: días en los que sientes que estás un poco desconectada de ti. No es algo dramático, solo esa sensación sutil de estar lejos de tu propio ritmo, como si hubieras dejado partes importantes de ti dispersas entre pendientes, emociones y silencios.

A veces, en mitad del día, algo se mueve adentro de ti sin hacer ruido.
Un pensamiento que se para en la puerta,  se asoma por la ventana, se retira, vuelve a asomar.
Una emoción que no pide entrar, pero insiste en su presencia.

Ese es el tipo de momento en el que nace el arte como ritual.

Con la Cábala aprendí algo que puede ayudarte a entender por qué te sientes así: no hay un “ser” fijo, sino un “estar siendo”.
No hay un “esto es lo que soy y punto” , no somos formas estáticas; somos flujos que cambian, se mezclan y se expanden.

La acuarela y el movimiento interno

Si alguna vez has probado la acuarela —o la has visto fluir— quizá notaste que no se puede forzar.



El agua no obedece del todo.
El agua se mueve como quiere: se expande, se mezcla, cambia de dirección.
Algo muy parecido a tu mundo emocional.
Tus emociones, tus pensamientos, tus instintos,  fluyen sobre el papel es un acto que, sin palabras, nos devuelve a nosotras mismas.

Ahí es donde el arte transforma tu día. Ese acto, tan simple como sostener un pincel, se convierte en un ritual creativo.
No para producir algo visible, sino para abrir un espacio donde tu voz interior pueda encontrarte.
No necesitas saber dibujar ni tener técnica. Basta con mojar el papel, elegir un color que represente cómo te sientes, y observar qué pasa.
El agua te muestra lo que a veces intentas controlar: tu constante cambio interno.

Ver cómo un pigmento se abre puede ayudarte a aceptar que tú también te estás moviendo, que nada en ti está “mal”, solo en transición.

El arte como ritual

Mircea Eliade escribe que un ritual nos conecta con lo sagrado, nos saca de lo cotidiano y nos coloca en un tiempo distinto, un tiempo donde todo lo que ocurre tiene significado.
Pintar puede hacer lo mismo.
Cada trazo, cada mancha que se expande o desvanece, se vuelve un gesto que trasciende la técnica y nos permite observar lo que somos y lo que estamos siendo.
La pintura se convierte en un ritual que no resuelve ni explica, pero que abre puertas hacia una conciencia más profunda.

Lo cotidiano se transforma en sagrado. Lo interno y lo universal dialogan.
Y en ese diálogo, nos reencontramos con nosotras mismas.

Pintar para recordar quién estás siendo

Más que producir una obra, este ritual sirve para algo mucho más valioso:
reconocer dónde estás hoy.

Tal vez estás en un día sensible.
Tal vez en uno creativo.
Tal vez en uno cansado o revuelto.
Todo eso tiene un color. Una forma. Un gesto.

Cada sesión es un mapa silencioso de tu movimiento interno, un instante en el que lo que eres, o mejor dicho , lo que estas siendo, se despliega ante tus ojos sin necesidad de palabras.

 

 

Si quieres empezar tu propio ritual

Si  te gusta la idea de tener un espacio para ritualizar tu arte  —sin juicio, sin prisa, sin exigencias— hay algo que he creado para ti.

 

Los cuadernos del  Canto de la Ballena fueron hechos para acompañarte en el proceso de escribir, pintar o simplemente parar un momento para escucharte.
Un lugar estable dentro de todo ese movimiento interno.


No se trata de crear obras perfectas, sino de reconocer dónde estamos hoy.

(Haz cklick aqui o en la imagen para ver los cuadernos)

 


 

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