Piha: crear la realidad desde la narrativa interior
Piha fue la última playa a la que fui antes de despedirme de Auckland y, al mismo tiempo, la primera que pisamos cuando llegamos a vivir a Nueva Zelanda.
Volver a ella fue como cerrar un círculo. Un lugar que guarda memoria, inicio y transición.

Piha, en lengua māori, está profundamente ligada a la idea de frontera y fuerza natural.
Aquí el océano no es dócil: se impone. El paisaje es crudo, honesto, indomable. Arena negra de origen volcánico, un ambiente surfer que convive con el respeto —casi ritual— por el mar, y una energía que te recuerda que eres una parte de una historia milenaria.
Esta playa es una maestra de algo que muchas veces se malentiende: qué significa realmente crear tu realidad.

Crear la realidad no es un lema superficial
Crear nuestra realidad no tiene que ver con repetir frases de manifestación, ni con desear bienes materiales para que aparezcan mágicamente en tu vida.
No se trata de controlar el mundo externo, sino de algo mucho más profundo: la narrativa interna desde la cual interpretamos la existencia.

Creamos nuestra realidad a través de las palabras que elegimos para contarnos la historia de lo que vivimos.
A través del diálogo interno, del discurso con el que nombramos lo que nos sucede. Dependiendo de esa narrativa, cambia radicalmente la forma en que percibimos el mundo.

Una misma playa puede ser vivida de maneras completamente opuestas. Alguien puede llegar a Piha y pensar que es imposible entrar al agua, que la arena negra es incómoda, que todo queda demasiado lejos.
Otra persona puede maravillarse al saber que esa arena está conectada con la energía volcánica de la Tierra y que las olas feroces son una oda a ese origen con su fuerza y su ritmo.
La realidad externa es la misma. La experiencia interior no.

Emuná: la confianza que sostiene el relato
A finales del año pasado atravesamos un momento difícil. Mi esposo se quedó sin trabajo y el impacto fue fuerte.
No sabíamos qué iba a pasar, ni hacia dónde se movería nuestra vida. Siendo una familia de cinco las cosas adquieren otra dimensión y al estar tan lejos de nuestra familia se siente mucha presión.
No podemos elegir las cosas que pasan en la vida, los bajos, los altos ni las pruebas que tenemos que enfrentar.
Lo que sí elegimos es la narrativa con la que nos enfrentamos a ellos.

Sostuvimos nuestra historia desde un concepto profundo de la cábala llamado Emuná: la confianza absoluta en que el sistema funciona de manera divina.
Que todo lo que sucede —incluso aquello que no comprendemos— forma parte de nuestro crecimiento y desarrollo espiritual.
Como humanos, no nos corresponde entender la totalidad del cosmos. Reconocer ese límite es un acto de humildad.
La vida puede ser compleja, injusta, violenta si se observa solo desde la superficie. Pero cada alma vino a transitar un camino, a atravesar pruebas, a expandirse a través de ellas.

Desde esa confianza construimos una narrativa que nos permitió movernos, tomar decisiones y llegar hoy a Tauranga, a una nueva etapa de nuestra vida que nos maravilla y nos transforma.
No cambiamos los hechos. Cambiamos la forma de habitarlos.
El arte como alquimia interior
Hay cosas que no podemos transmutar físicamente: emociones, memorias, vivencias.
El arte existe para eso. Para transformar lo invisible.

El arte —dibujar, escribir, crear— es una forma de alquimia interior.
Nos permite procesar lo que vivimos y, al mismo tiempo, conectar con otras personas desde un lugar profundamente humano. Nos recuerda que, aunque cada uno viva su propio proceso, en el fondo somos una gran red.
Todos estamos creando la historia del instante.
Crear nuestra realidad es también crear la de quienes comparten nuestro mundo.

Por eso importa tanto la mirada que elegimos.
Hay personas que nacen en contextos de pobreza, atraviesan procesos traumáticos y, gracias a su forma de interpretar la vida, se convierten en guías.
No porque negaron el dolor, sino porque supieron narrarlo desde un lugar que los conectó con su propósito.
De eso se trata crear la realidad.
Somos creadoras del relato
Crear nuestra realidad es reconstruir nuestra historia desde donde estamos.
Es elegir una mirada que no viva únicamente en la frecuencia del miedo o del tiempo que se escapa, sino en la frecuencia del amor y la conciencia.

Todos tenemos la capacidad de crear. Todos podemos resignificar nuestro camino. Todos somos artistas narrando nuestra propia vida.
Si sientes el llamado a escribir, a dibujar, a documentar tu proceso y contar tu historia con honestidad, mis cuadernos están pensados para eso: para acompañarte a crear tu propio relato.
Porque escribir también es recordar quién eres. Y crear tu realidad comienza por las palabras con las que decides habitarla.
Aqui te dejo un link para que veas los cuadernos y journals que hacen parte de El cantao de la Ballena, una obra en movimiento que solo se completa cuando tu escribes tuhistoria en ellos.
